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Dislalia infantil ¿Cómo se trata?

Si tu hijo no habla bien, tartamudea u omite letras, son algunos de los primeros avisos de que un niño puede padecer un trastorno del lenguaje. ¿Cuándo acudir a un especialista?
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Dislalia infantil ¿Cómo se trata?

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Los niños, desde sus primeros balbuceos hasta que se expresan fluidamente, permanecen familiarizados y tratan de desarrollar el lenguaje. Sin embargo, su evolución tiene distintos caminos y no siempre es lo que los padres esperan; por ejemplo, hay niños que comienzan a hablar con fluidez mientras que otros lo hacen al mínimo, confunden palabras o las sustituyen por otras. Es en este proceso en el que pueden presentarse los trastornos del lenguaje, entre ellos la dislalia, que se manifiesta por la dificultad de articular correctamente un fonema.

“Dentro de las clasificaciones está la dislalia evolutiva que da lugar en la fase de desarrollo del lenguaje, es decir, aquellos niños que por su inmadurez de su organismo bucofonatorio todavía no logran pronunciar correctamente los fonemas, esta normalmente se da antes de los cuatro años”, explicó Ana Beatriz Mercado, jefa de terapia de lenguaje, de FUNTER.

Agregó que la dislalia funcional es una de las más comunes, se diagnostica después de los cuatro años. Se manifiesta cuando hay un mal funcionamiento del aparato bucofonatorio, ya sea porque no hay una buena coordinación de los músculos, porque no hay una buena movilidad de su lengua y las estructuras involucradas en el habla o existen dificultades es la discriminación auditiva, “no es porque haya una malformación que esté impidiendo que el niño pueda pronunciar correctamente una palabra”, aclaró.

La dislalia infantil es imprescindible tratarla en los primeros años del niño, y aunque no represente gravedad es conveniente corregirla lo antes posible, para evitar problemas de conducta”.
Ana Beatriz Mercado, jefa de terapia de lenguaje, de FUNTER

“Los niños con dislalia prácticamente tienen un pronóstico favorable, haciendo el diagnóstico oportuno y con una terapia adecuada pueden salir del problema”, dijo la especialista.

Para saber si efectivamente su hijo padece de alguna alteración en el lenguaje, es necesario conocer las etapas del desarrollo normal, según su edad y que inicia desde que el bebé comienza a balbucear, de 0 a seis meses; es a partir de los 18 meses cuando inician con sus primeras frases. Aunque, cada pequeño va a su ritmo algunos lograrán sus objetivos antes y otros, después. Pero, como todo aprendizaje es un proceso complejo, con avances y estancamientos. Desde los dos hasta los tres años se amplía su vocabulario de más de 200 palabras y estructuran mejor con una sintaxis adecuada a su edad.

A los cuatro años ya adquirieron la mayor cantidad de fonemas, los últimos por aprender son la “rr”, “r” y combinaciones consonánticas como la “br” y “tr”.

Alerta con los primeros signos

Si las dificultades en la pronunciación persisten después de los cuatro años es necesario una intervención, primero una evaluación para dar un diagnóstico si se trata de dislalia, que es la más común dentro de los trastornos de lenguaje y el más fácil de identificar.

Los primeros signos son la mala pronunciación y la dificultad de hacer movimientos orolinguales como soplar o succionar.

“Si nos percatamos de que el niño sustituye palabras, omite sílabas o sonidos, si en lugar de perro dice ‘pelo’ o ‘eefono’ por teléfono, ‘maí’ en lugar de maíz, o si tiene un lenguaje que no se entiende nada y constantemente se le pregunta ‘qué dijiste’, son algunos signos de alarma”, señaló Mercado.

Si su hijo tiene alguna de las dificultades anteriores, lo primero es descartar daños orgánicos. Como reitera la especialista, algunos trastornos del lenguaje tienen un componente neurológico, como daño cerebral, lesiones auditivas, déficit intelectual o deficiencias motoras.

En otros casos, estas alteraciones se presentan como la dislalia funcional y se pueden solucionar gracias a la intervención de un especialista. En esta etapa el rol de los padres es fundamental pues no solo pueden detectar las primeras señales si hay problemas de lenguaje, sino también motivar al niño y apoyarlo en sus dificultades.

Asimismo, la experta añade: “Es importante estimular un fonema a través de ejercicios de soplo o hacer burbujas, gestos o mímicas frente a un espejo, diferentes juegos o a la hora de leerle un cuento”.

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