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Dolor oncológico: Un síntoma no controlado en casi la mitad de casos

El dolor oncológico está muy presente en los pacientes con cáncer, aunque en casi la mitad de ellos es un síntoma que no está controlado. Esta es la razón por la que cuatro sociedades médicas se han unido para crear una guía de consenso dirigida a los profesionales con el fin de coordinar el trabajo de los especialistas implicados.
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Dolor oncológico: Un síntoma no controlado en casi la mitad de casos

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La prevalencia del dolor oncológico es elevada, alcanzando el 90 % en fases terminales. Con frecuencia está asociada con la progresión tumoral; con el aumento de la incidencia anual y con la afectación de la calidad de vida del paciente.

Dado el incremento de la incidencia de tumores malignos, junto al envejecimiento de la población y la mayor supervivencia de los pacientes, el dolor oncológico seguirá teniendo un papel protagonista.

La prevalencia del dolor oncológico es variable aunque se estima que se sitúa alrededor del 53 % de forma global, oscilando entre el 30 % en el momento del diagnóstico y el 90 % en estados avanzados de la enfermedad.

También la prevalencia es diferente según la localización del tumor, siendo más frecuente en los tumores de cabeza y cuello (70 %), tumores ginecológicos y gastrointestinales (60 %), así como tumores de mama, pulmón y urogenitales (50-55 %).

Infratratamiento del dolor

El dolor oncológico y su abordaje incorrecto afecta a la calidad de vida del paciente, a la adherencia al tratamiento y también a la supervivencia.

El estrés emocional se incrementa cuando hay dolor y se reduce cuando es tratado, además de existir una asociación entre depresión y dolor.

Por eso es importante tratar el dolor, pero al menos entre el 30 y 40 % de los pacientes no lo tienen controlado siendo infratratado. El tratamiento inadecuado del dolor crónico provoca un aumento de las hospitalizaciones que se podrían evitar.

La principal causa es la falta de formación de los especialistas que influye a la hora de evaluar acertadamente, por lo que la guía recoge la necesidad de educar no solo a los profesionales sanitarios, sino también a pacientes y familiares, además de instar a mejorar la comunicación médico-paciente.

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