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“El VIH no afecta solo a un sector, está en todas partes”

En el mundo 36.7 millones de personasviven con VIH. Este virus afecta la calidad de vida de sus portadores, dejando así grandes cicatrices en su salud física y mental. Luis René comparte su historia.
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“ Todo inició en 1995, cuando el VIH era tomado como algo increíble. La gente pensaba que si una persona con VIH tocaba a otra, esta ya estaba contagiada”, comentó Luis René (nombre ficticio). El VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es un retrovirus que ataca al sistema inmune de la persona infectada. En la actualidad no existe una cura definitiva, por lo que el VIH se ha convertido en una enfermedad crónica.

Luis René es un hombre muy menudo, a sus 50 años la báscula marca 125 libras. Su rostro es difícil de olvidar, su mirada melancólica y manos cansadas, expresan la travesía de los pasados 22 años. “Fue un 10 de mayo de 1995 cuando fui diagnosticado con VIH en el Hospital Zacamil. Yo llegué por una infección en las encías, me hicieron todos los exámenes y me ingresaron. A los tres días todo cambió”.

Luis narra que un miembro del personal de limpieza del hospital le dio la noticia. “¿Ya le dijeron a usted lo que tiene? No, respondí. Usted tiene SIDA, dijo. Yo me quedé impactado. Antes... recibir ese diagnóstico era como que te dijeran que mañana te ibas a morir”.

Él recuerda que ese mismo día, por la tarde, llegaron los médicos. “Era la doctora Escobar, todavía me acuerdo de su nombre, y me dijo: ‘Le queremos dar una noticia’. Yo estaba muy molesto, pues habían faltado a la confidencialidad médica”. Según ONUSIDA, con frecuencia, las personas que viven con el VIH evitan acudir a clínicas por miedo a que se revele su estado serológico o a sufrir más estigma y discriminación en relación con la enfermedad.

“Cuando salí del hospital fue tremendo, no habían medicamentos y del hospital me remitieron a CONTRASIDA, donde la doctora María Annel. Yo era un desastre como persona, yo no quería saber nada de ese listón. Pasé en etapa de negación 5 años. Sin embargo, la fundación fue mi salvación”.

Luego del diagnóstico, en 1996, Luis René comenzó a trabajar nuevamente como colaborador jurídico. “A mí se me olvidó qué era el VIH, yo era un excelente empleado, me iba bien. Pero en el año 2000, vinieron todas las enfermedades oportunistas. Empecé a padecer de todo. Me salían unas bolas en todo el cuerpo y explotaban. Se me obstruyeron las glándulas salivales y no podía ni hablar porque abajo de la lengua tenía todo bloqueado”.

Planned Parenthood señala que pueden transcurrir 10 años o más hasta que la infección por VIH manifiesta síntomas y cuando se presentan estos pueden ser: pérdida brusca de peso, protuberancias violáceas en la piel o en la boca, adormecimiento de las manos o los pies, infecciones graves por hongos y más.

“María Annel, fundadora de CONTRASIDA, me dio unos medicamentos que ella traía de Estados Unidos, y hasta el 2002 esos medicamentos me fueron lesionando el estómago porque eran my fuertes. Llegó un momento en que yo recaí ya en etapa SIDA. Mi mamá me tomó una fotografía donde estoy terriblemente delgado, pesaba 75 libras. En el 2005, María (la doctora) me dio por finalizado. Me llevaron al hospital San Rafael y ahí dijeron que me llevaran a casa, ya solo a morir. Yo ya había perdido la vista, pues con el VIH uno va perdiendo todos los sentidos”, rememora.

Luis René recuerda que le dieron de alta en diciembre de 2005. “Parece que era el 31 de diciembre. Desde ese día al 13 de enero, es un lapso de vida que no recuerdo, porque uno pierde la consciencia. Se creía que hasta tenía una bacteria en el cerebro”.

Cuando despertó el 13 de enero, su vida dio un giro. “Recuerdo que le dije a mi mamá: ‘Mamá, ya es hora’, era porque yo ya no me sentía bien. Yo no comía porque el ardor del estómago era tremendo. En ese momento solo sentí que me desvanecí. Mi mamá oró por mí. Lo que aparentemente se vio fue que me quedé dormido y cuando desperté ya no sentía nada, me sentía bien”.

Luego de esa crisis, Luis René se recuperó y llegó a pesar 135 libras en 6 meses. Posterior a ello inició su trabajo en una oficina jurídica.

“Ya en la etapa de aceptación dije: en realidad esto sí existe y lo tengo, me voy a tener que cuidar. Recordé las palabras de María: ‘Tu cuerpo no es un bote de basura, tenés que cuidarte’. Ella fue mi segunda madre”, expresó entre lágrimas.

En la actualidad, Luis René desea iniciar una fundación para personas de la tercera edad con VIH. “Dios me tuvo que poner en una posición tan fuerte para aceptar mi patología y aceptar a las demás personas. En este mundo de VIH uno tiene que ver cosas increíbles y yo me sensibilicé mucho. Es importante que nos demos cuenta que el VIH no afecta solo a un sector, está en todas partes”.

Él toma actualmente seis pastillas diarias, tres por la mañana y tres por la tarde. Según Luis, los medicamentos de tercera línea tienen un precio de $1,500 mensuales. Y las de segunda línea, que son las que él consume, tienen un costo de $350. En el mundo son 20.9 millones de personas que viven bajo tratamiento antirretrovírico, según ONUSIDA.

Discriminación

“El gran reto para las personas con VIH es la aceptación social, laboral y familiar. Siempre hay estigma y discriminación. Yo fui discriminado hasta por mi familia paterna, pues mi papá me desheredó por tener VIH. Yo le hice una demanda en 2005 por discriminación, porque violó mis derechos como hijo y persona. Y cuando fui a la audiencia me dijo: ‘Por mí te podés morir y que te entierren en una fosa común’. Le gané el proceso y le dejaron una cuota alimenticia mensual. Él no es malo, es ignorante. Hasta recuerdo que en una ocasión que fui a su casa, botaron una taza donde me sirvieron café. Todo fue tremendo y lo más duro es que lo recibí de mi familia”.

Asimismo, Luis René narra cómo fue discriminado en su trabajo. “Cuando trabajé en el despacho jurídico hasta me daban indicaciones bien duras para ir al baño. Creen que las personas con VIH no tenemos capacidades y tenemos limitantes. Muchas personas siempre están con afán de ataque y minimizan las capacidades de nosotros”. En 2016, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se pronunció respecto a la discriminación laboral y aseguró que no se debería exigir a ningún trabajador que se someta a una prueba de detección del VIH ni que revele su estado serológico.

“Estoy seguro que no voy a morir de VIH, sino que de otra cosa. Yo tengo mucho que hacer y ya me estoy proyectando para el otro año. Cuando veo un compañero morir, siento que soy yo el que muere y eso es muy duro”. Según ONUSIDA en el 2016, un millón de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida y 35 millones han muerto desde el inicio de la epidemia.

El VIH se propaga a través del semen, las secreciones vaginales, la sangre y la leche materna. Por ello, la protección es esencial. Esta se puede tener usando condón cada vez que se tenga relaciones sexuales. Además, es necesario que no se comparta agujas con nadie.

 

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