En carne propia

Normalmente la estancia hospitalaria deberá durar en promedio nueve días en un hospital de tercer nivel. A mí me tocó vivir en carne propia una estancia hospitalaria prolongada después de una iatrogenia (falta de experticia) al practicarme una colonoscopia, de las que recomiendo a mis lectores llevar a cabo para detectar cáncer temprano, examinar el colon en busca de pólipos o alguna alteración que pueda ser detectada rápidamente.
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Desafortunadamente al realizarme la colonoscopia me perforaron el colon, sintomatología que fue percibida tres días después del procedimiento en forma de hipo constante, dificultad para llevar a cabo mis necesidades fisiológicas y por último un terrible dolor abdominal que me llevó a ser hospitalizado privadamente en el mismo hospital donde me llevaron a cabo el procedimiento. Mala suerte o no, ahí se inicia mi calvario. Se detectó después de análisis que duraron casi 12 horas, consistentes en TAC, la susodicha perforación, un procedimiento quirúrgico fue llevado a cabo con tal mala suerte que los cirujanos que me intervinieron optaron por un procedimiento no convencional porque, a su juicio, consideraron que el procedimiento clásico no era necesario, por amistad creo yo que se confiaron e inicié un régimen de antibióticos, los cuales después de siete días no habían cumplido su cometido. Me trasladaron a la seguridad social en donde se me atendió con prontitud y esmero, nuevamente a procedimientos de gabinete, al final se detectaron 500 cc de solución purulenta, o sea, una peritonitis. Fui enviado nuevamente a cirugía, enviándome por amistad a una cama sola por alguna deferencia de algunos colegas. Los días que permanecí solo en esa cama hospitalaria fueron tormentosos. Para mi persona, a pesar del buen trato de enfermería, a pesar de que están saturados de enfermos, no me quejo de la atención recibida, sé que no soy una personalidad para tener mayores cuidados que los otros, así que fui tratado parejo.

Al final de cantidad de antibióticos endovenosos, mi ánimo decaía más con la falta de apetito y el severo dolor abdominal por el proceso infeccioso y la alimentación propia del hospital. No se puede pedir gusto cuando uno está en un centro con sus protocolos y así deberá ser para que el paciente se recupere, de ahí que a la visita se le revisa como si fuera el penal de Mariona para que no lleve nada escondido de alimentación para su paciente. Hay variedad de patologías mezcladas, algunas que toman sus alimentos con apetito, pero para los colecistectomizado como mi persona, es un martirio la toma de alimentos. La única crítica que puedo llevar a cabo es que cuando el conjunto de cirujanos pasa visita, se hace lo que el jefe dice, dejando en segundo plano al médico que operó inicialmente; al establecerse esta dualidad, viene el problema al quitar un antibiótico y poner otro, suspenderlo por dos días, luego reanudarlo. A mi juicio, si se tiene un protocolo fijo bueno, hay que respetarlo, pero cuando la evolución de paciente va por mal camino, tal como me sucedió, es hora de llamar al infectólogo, pero bien eso se lo dejo a ellos.

Por el momento me encuentro, gracias a Dios, en recuperación, esperando que no tenga que vivir nuevamente esta vorágine. Tenga cuidado con el profesional si algún día le toca este procedimiento.

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  • hermatooncologo
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