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Las concubinas que antes fueron esposas

Latifa acude a consulta. Durante la entrevista insinúa que nunca pensó verse en esa “situación tan complicada”.
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Médico psiquiatra, sexólogo, terapeuta y educador sexual

En otra sesión, luego de presentar mejoría inicial, decide “librarse del peso que le sumergía en la infelicidad”. Antes de su confesión, aspira larga y profundamente y suelta en su exhalación la frase “es que tengo una relación con mi exesposo, que como le mencione antes, ya se casó y tiene otro hogar”.

La pregunta que un novato haría es ¿por qué alguien se divorcia de quien ya no quería para involucrarse en esta circunstancia? La interrogante quintaesencia es ¿para qué? Esta vendrá a determinar los procesos y motivadores. No hay estudios, encuestas o averiguaciones a escala, pero el fenómeno se ha comentado en varias mesas redondas de especialistas. Aquí algunas observaciones.

Extensión del control y abuso de la pareja. El dominio y control de la pareja se mantiene, incluyendo el privilegio al acceso sexual exclusivo. Quien domina puede amenazar, amedrentar o condicionar para mantener este privilegio de pareja. Para la otra parte es una prolongación de lo que vivió bajo el estado civil previo. Su incapacidad para poner límite a este dominio puede dar pauta a la continuación de su sufrimiento. Frecuentemente, la parte dominante exigió la anulación de la relación para su beneficio. Se excusa de muchas de las obligaciones propias de una relación de lealtades mutuas.

Angustia sobre adaptarse a su nueva condición. Volver a sumarse entre “los disponibles” puede ser angustiante. Tantos años “fuera de circulación”, suponer que “no sabrá cómo es la cuestión” y cualquier variedad de argumentos evitan entrar al escenario de citas. Hay muchas personas que suponen que cada candidato con quien prueben y no resulte “casadero” es un fracaso. Y estos se les acumularán, poniendo en riesgo su “imagen e integridad”. A la postre, el argumento de “mejor lo viejo conocido que lo nuevo por conocer” le lleva a aceptar esta situación.

incapacidad para romper con el vínculo sexual por confusión de roles. No vale la pena discutir que el papel de “madre” y “padre” es perdurable sobre el rol de cónyuge. Pero algunas personas hacen de esta condición un “permiso a la sexualidad” porque “durante el matrimonio, por medio del sexo, llegó a ser mamá o papá”. Por tanto, la frase “dejó de ser mi esposa pero nunca dejará de ser mi mujer”, para el genero masculino, marca el principio de posesión o de pertenencia. Y de similar forma se puede aplicar al femenino.

Necesidad de despacho de la tensión sexual. Alguna cantidad de personas tarda más en entrar al “mundo de los solteros” o tiene una necesidad de satisfacción sexual pendiente de desahogar. Recuerdan con nostalgia que si bien la relación terminada era un caos, en medio de todo, el sexo sí fue grato. Entonces se puede dar el acuerdo de “solo sexo”, exclusivo para esta razón. Ella que se vuelve el “voladito” o él que pasa a ser su “boy toy”.

Lo certero es que estas formas de vincularse son dañinas, impiden la renovada emancipación, rehabilitación de la autoestima y fomentan vínculos perversos que pueden ser muy dañinos e impiden lograr su realización personal.

Su existencia es la semilla para expresiones de desórdenes mentales, como trastornos depresivos, de ansiedad, de la identidad del yo y del sueño, dejando profundas huellas de dolor y frustración.

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  • dr. josé roberto lizama
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