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Las fantasías sexuales

La palabra “fantasía” se define como “imaginación, facultad o propiedad que tiene la mente para crear o representar idealmente cosas inexistentes”.
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Médico psiquiatra, sexólogo, terapeuta y educador sexual

Lo que suceda, cuándo y con quién pasen los eventos está limitado por el intelecto de la misma persona. Este mundo de fantasía es el combustible inagotable de todos quienes usan el lenguaje como vía de expresión.

Cuando sometemos nuestras fantasías al ejercicio de la moralidad nos enfrentamos al dilema “si lo que fantaseo es malo, soy malo y hago mal”. Adicionalmente, al anticipar señalamiento y castigo se gesta la culpa o vergüenza. ¿Y qué tan cierto es que mi percepción de “malo” es realmente eso? Lo que no es bueno, ¿es malo? A esto le llamaremos parte del proceso de control y discernimiento.

Así, con esos límites se inicia el control del comportamiento. Por tanto, “hay que portarse bien o está mal”. Y así adquiere complejidad, a riesgo de que se distorsione u otra persona lo trastoque. En el mejor de los casos, serán nuestros padres ejerciendo su papel con responsabilidad y amor. Luego de ellos van otras autoridades con peso moral, y en general “los grandes”. Ahí no hay garantía de su intención, motivación, propósito o dirección.

Culturalmente, el concepto de sexo es víctima de una variedad de deformaciones. El comportamiento sexual está lleno de estigmas y hay quienes, por siglos, han buscado que sea “normado”. Es decir, que se dicte una forma “buena”, “sana”, “apropiada” de hacer el amor. La desnudez da pena, el deseo sexual es lascivo, el coito es vulgar y las fantasías sexuales son censurables.

Las fantasías sexuales son el destello de los impulsos sexuales del ser humano. Su aparición es tan elemental como las intenciones y cultura erótica del que imagina. De forma que, si es malévolo, sus fantasías serán groseras, agresivas, perversas. Entonces, si es un “amante que ama”, buscará ser exquisito en la composición de la experiencia erótica. Sus fantasías sexuales se irán poblando de escenarios donde el descubrimiento de sensaciones eróticas y la exploración de nuevas intensidades van a emanar sublimes desde el escenario escogido.

Pero aquí viene lo mejor. “Aquel amoroso” que comparte sus fantasías sexuales con su par abre la facilidad de que cada fantasía erótica de cualquiera los nutra y consiguen emociones adicionales. Además, obtienen la sensación de unión, una renovada capacidad de comunicación, la disposición a la desinhibición de los límites que les constriñen y el desarrollo de vías de expresión diferentes y mutuamente aceptables de sus impulsos eróticos. Este compartir permite que se dé un juego entre pares, donde la fantasía erótica facilita que se desnuden de sus prendas y que se “encueren” del corazón.

Mientras haya una correspondencia en jugar y ampliar el alcance de las fantasías eróticas sin abusar, humillar o lastimar a nadie, ambos “amorosos” pueden, hasta donde acuerden, destacar el deseo por jugar, la excitación sexual, la seguridad del entorno, el respeto, el cuido por su amor e integridad física y la creatividad individual o mutua, para llegar a niveles desconocidos, magníficos, sin la aparición de conductas inmorales.

¿Qué fortuna en fantasías sexuales está pendiente de explotar en su imaginación o vivir con quien ama?

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  • dr. josé roberto lizama
  • médico psiquiatra
  • sexólogo
  • terapeuta y educador sexual

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