Mejorando cicatrices con células madre

Si bien no se conoce con exactitud el número de personas que presentan algún tipo de cicatriz, es muy probable que la mayoría de seres humanos tenga o puede llegar a tener alguna cicatriz en su vida. Estudios médicos calculan que aproximadamente entre el 20 % al 30 % de la población tiene algún tipo de cicatriz en el cuerpo. Normalmente, estas cicatrices han sido provocadas por accidentes, operaciones, traumatismos o alguna enfermedad.
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Cuando estas cicatrices aparecen en lugares muy visibles, como puede ser la cara, el cuello, brazos o piernas pueden resultar antiestéticas para la persona que las padece, llegando a provocarle serios problemas psicológicos.

Cuando un órgano o tejido del cuerpo se lesiona, simplemente por aspectos evolutivos, nuestro organismo tiende a repararlo, funcionando como un sistema de autodefensa natural de nuestra especie. Pero esta reparación conlleva siempre a una cicatriz. Es así que cuando sufrimos una lesión en la piel, por ejemplo al cortarse, o por una lesión química o física, esta terminara casi siempre en una cicatriz.

El aspecto de las cicatrices depende de distintos factores, el tamaño y la profundidad de la herida, la localización, edad, predisposición genética a la cicatrización y el tiempo de

curación. Así mismo, está muy extendida la creencia de que, una vez formada, la cicatriz no puede mejorarse, pero lo cierto es que sí podemos atenuar muchísimo su apariencia e inclusive eliminarla, utilizando medicina regenerativa, específicamente con el uso de células madre adultas.

Diversos estudios y evidencia científica a nivel mundial han comprobado el potencial de estas células, lo cual podemos entender mucho mejor al conocer el significado del concepto “reparación versus regeneración”. Recordemos que la cicatriz es un tejido que no es similar a la piel, es el reemplazo de un tejido maduro por un tejido inmaduro que tiene una función y características muy diferentes al tejido original: a esto es lo que denominamos reparación. Pero cuando el tejido maduro se lesiona y se repara con un tejido maduro de iguales características, es lo que llamamos regeneración.

Es por esta capacidad de regeneración que las células madres adultas logran controlar el sistema inmune después de una lesión, generando un microambiente que estimula la creación de nuevos vasos sanguíneos, secretando factores de crecimiento y promoviendo la creación de nuevas estructuras moleculares que regulan la deposición de colágeno (elemento de la cicatriz); así mismo aumenta los elementos elásticos, lo que crea, a largo plazo, una estructura física más parecida a los tejidos normales. Sencillamente están haciendo una regeneración del tejido en lugar de una reparación. Por esta misma razón es que los científicos han usado ese tipo de células exitosamente en estudios y prácticas clínicas para inducir aspectos regenerativos y no reparativos.

Las células madre tienen la capacidad de anidarse y vivir en las zonas de nueva implantación: una vez se arraigan, tienen la potencialidad de crear una nueva estructura dentro de las marcas cutáneas, lo que contribuye a mejorar la arquitectura de la nueva dermis y aumentar su capacidad funcional, redundando en una mejora significativa en el aspecto de las cicatrices. Los beneficios de este tipo de terapia, que se pueden trasladar a cualquier atrofia en los tejidos blandos, se hacen patentes transcurridos unos meses, ya que las células madre regeneran y optimizan la calidad de los tejidos después de un tiempo prudencial desde el implante.

Esta técnica de la medicina estética moderna busca realizar tratamientos especializados altamente individualizados y mínimamente invasivos. Si quieres conocer más sobre los beneficios de las células madre adultas, ingresa a www.elsalvadormedcenter.com o puedes llamar al 2263-0101.

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