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¿Mi hijo imagina una enfermedad?

Los niños pueden sufrir trastornos comúnmente llamados hipocondría, como resultado de la ansiedad y la angustia. Los padres tienen la oportunidad de tomar nota de algunos consejos para identificar el trastorno y enfrentarlo.

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La hipocondría se refiere a un trastorno de las personas que se preocupan excesivamente por enfermarse, o imaginan que tienen síntomas de alguna enfermedad en particular. Sin embargo, el término "hipocondría" está en desuso y actualmente según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5) esta conducta está dividida en dos trastornos: trastorno de síntomas somáticos (aquellos que malinterpretan los síntomas físicos de rutina como dolores de cabeza o fatiga como enfermedad grave) y el trastorno de ansiedad por enfermedad.

Actualmente, en la pandemia por covid-19, muchas personas imaginan que tienen los síntomas debido al miedo colectivo que existe alrededor del virus. Este padecimiento que se estudia desde la psicología y la medicina, afecta tanto a adultos como a niños. En estos últimos es más complicado porque es probable que no comprendan lo que están viviendo.

Una de las mayores dificultades para los papás es distinguir cuando se trata de una enfermedad real o cuando no. Algunas indicaciones con las que puede iniciar es comprobando la veracidad de los síntomas, si el niño dice tener fiebre, utilizar un termómetro para comprobarlo. El trastorno de síntomas somáticos también suele estar acompañado por un desgaste emocional muy evidente, pues los pequeños se sienten tristes, desesperados, angustiados e inquietos, insisten tan asiduamente que los lleven al doctor, lo que puede provocar irritabilidad en los padres. Por el contrario, la enfermedad real, aunque sí puede estar relacionada con dificultades emocionales, estas no son tan intensas.

Según el psicólogo Alexis Escolero, algunos de los síntomas que los niños con esta dolencia pueden manifestar son: preocupación excesiva por afectaciones rutinarias como cansancio al hacer actividad física o náuseas, y que ellos interpretan como señal de algo grave. "Si bien los síntomas inquietantes no son inventados, la mayoría de las veces son sensaciones corporales normales que de todas maneras perturban sus vidas en forma significativa porque sienten tanta ansiedad y estrés por ello. Los niños con este trastorno tienen más probabilidad que los adultos de fijarse en un síntoma en particular", explicó Colero.

Según el especialista, otras señales que pueden presentar los niños son: cambios en el estado de ánimo, pérdida de interés por recibir sus clases o jugar, invención de afecciones a síntomas que no corresponden a nada, cantidad irrazonable de tiempo invertido en preocuparse por un dolor específico o síntoma general como la fatiga, interrupción del estilo de vida normal por dicha preocupación.

Se considera que tiene un componente genético, es decir si algún familiar o padre también lo sufre, sin embargo, en los últimos años se ha estudiado cómo influye el aprendizaje y los mensajes que reciben del exterior como posibles causas, así como la información que leen en Internet. Otro factor que puede contribuir es haber vivido un episodio traumático sobre una enfermedad pasada o haber presenciado el sufrimiento o muerte de un familiar por algún padecimiento en particular. También intervienen los rasgos propios de su personalidad, así como otros problemas que pueda estar viviendo, tales como el bullying o problemas de aprendizaje.

Además, el trastorno de síntomas somáticos y el de ansiedad por la enfermedad están ligados a la ansiedad y el miedo irracional. Según Escolero, los padres podrían aumentar esta conducta cuando realizan visitas constantes al doctor para descartar síntomas leves como una náusea. "Al principio generaría un alivio en el paciente, pero a largo plazo provocaría mayor inquietud y ansiedad. El estado de ansiedad continua en el paciente puede generar síntomas físicos como dolor en el pecho (angina), dolor de cabeza, cansancio, tensión muscular, dolor de estómago y vómitos que fácilmente pueden ser confundidos por el paciente como una enfermedad", explicó Escolero.

En todo caso, lo más importante es visitar al especialista si el caso es muy complejo o ya no lo pueden controlar en casa.


Claves para enfrentar el miedo a enfermar

Los padres tienen el rol de acompañar a sus hijos a superar el problema, pero también de controlar sus propias acciones para no aumentar la ansiedad de la familia, especialmente ahora por la pandemia de covid-19. 

Los padres cumplen un rol importante al ser quienes deben observar las primeras conductas de los niños, y además, porque son el primer referente de aprendizaje y modelaje para ellos. Por tal razón, es importante que estén informados y controlen sus emociones, para que proyecten un equilibrio ante sus hijos. “La constante preocupación de los padres por informarse sobre el virus y sus síntomas podría reflejarse en los pequeños de la casa”, dijo el psicólogo Alexis Escolero. 

Algunas de las recomendaciones que pueden aplicar con sus hijos son las siguientes: 

1. Si la conducta ya está identificada, no se debe reforzar. Según Escolero, en psicología se conoce como “extinción” y se trata de una técnica que consiste en no prestar atención cuando ya se conoce que los síntomas se tratan de un trastorno de ansiedad. 

2. Evitar frases como “no tienes nada”, o “no pasará nada” porque, aunque a corto plazo calman la ansiedad, a largo plazo provocará una especie de confusión en el niño pues no podrá identificar cuando en realidad se tratan de síntomas reales, y podrían pensar que “no tienen nada”. Lo mejor es hablar e identificar el miedo o la ansiedad. 

3. Si después de exámenes y consultas médicas se descarta una patología, lo mejor es que los padres dejen de insistir en la afección, porque entrarán en una dinámica de visitas y pruebas constantes que no terminará. 

4. Es importante regular lo que los contenidos que los niños consumen en Internet, ya que la investigación excesiva de una enfermedad y sus síntomas podrían ser indicador de una preocupación mayor. Si las noticias que la familia lee sobre el coronavirus generan ansiedad, es importante tomarse un descanso y concentrarse en actividades relajantes.

5. Hablar de los miedos, no negarlos. Puede conversar con su hijo directamente sobre las cosas a las que le teme, y se deben aceptar y normalizar, no ocultarlos. Demuéstrele que todas las personas tienen miedos y que se pueden superar. 

6. No diagnosticar medicamentos, puede ser que el síntoma no responda a una patología real. Lo mejor es consultar al doctor y esperar a sus indicaciones.  

7. Documentar la presencia de la ansiedad en la enfermedad. Cada vez que el niño expresa síntomas, tomar nota para contar con un registro y que el especialista pueda tener más evidencia para generar un diagnóstico.

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