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¡Mi niño no desayuna!

Tras las horas de sueño, un desayuno saludable aporta energía para afrontar las actividades diarias. No obstante, los especialistas aclaran que si los niños no quieren desayunar, no se les debe obligar. 

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Desayunar significa deshacer el ayuno que hemos mantenido durante la noche. La primera comida del día, igual que el resto, debe estar compuesta por alimentos saludables. 

La Asociación Española de Pediatría indica que un buen desayuno admite muchos tipos de alimentos y pone como ejemplo de desayuno de alta calidad nutritiva uno que incluya un lácteo (como un vaso de leche, un yogur o un poco de queso fresco), una fruta, pan integral y algún acompañamiento para el pan, que puede ser aceite de oliva, tomate, aguacate, etc. 

No obstante, hay muchas más alternativas. “Siempre que sean alimentos reales y de calidad, podemos ofrecer el desayuno que los niños quieran. No pasa nada por tomar garbanzos en el desayuno, huevos, fruta, zanahoria hervida o humus. Eso sí, deben ser alimentos reales y saludables. Un vaso de leche con cacao y galletas no tiene nada de saludable”, aclara Sara Jiménez, dietista-nutricionista “online”, responsable de https://sarajimenezh.com/. 

La especialista señala que muchos desayunos infantiles están cargados de galletas, magdalenas, bizcochos, zumos envasados, etc. “Estos no son alimentos saludables ni de calidad y, por lo tanto, no son recomendables”, destacó la profesional.   

FALSOS MITOS 
 
La nutricionista aseguraó que el desayuno no es la comida más importante del día. “No es obligatorio comer algo nada más levantarse. Si el niño no quiere desayunar, no hay que obligarle. No se va a desmayar, no va a perder capacidades en clase ni va a ir por detrás de sus compañeros. Todos estos son mitos que nos han ido inculcando desde hace muchos años para introducirnos un tipo de desayuno obligatorio de mala calidad y cargado de azúcar. Sin embargo, los niños no necesitan el azúcar para rendir más en la escuela. Por el contrario, el azúcar apaga el organismo”, subraya. 

De igual modo, los pediatras Carlos Casabona y Pepe Serrano afirman que, desde un punto de vista nutricional, “es preferible no desayunar a desayunar leche chocolateada (o un zumo no natural) con 25 gramos de azúcar, cereales azucarados mal llamados ‘cereales de desayuno’, que suelen llevar entre el 28% y el 43% de azúcar, y 6 galletas en cuya composición encontraremos similar proporción del blanco elemento”. 

Por lo tanto, ambos facultativos comentan que es muy probable que obligar a un niño a desayunar incremente su riesgo de padecer obesidad. 

Además, “hay que tener en cuenta que lo que suele suceder en estos casos es que el niño que no desayuna en casa lo hará una hora y media más tarde en el colegio, un bocadillo o una fruta, a la hora del patio. Sería un desayuno en diferido”. 

PADRES: PREDICAR CON EL EJEMPLO

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria apunta que la comida que el niño lleva al colegio para el recreo debería depender de lo que haya desayunado, tanto en la cantidad como en el tipo de alimentos. Es decir, las dos tomas tienen que complementarse. 

El tentempié para el colegio “también depende de la edad. A los niños más pequeños les pondremos alimentos más blandos, como fruta troceada, pan blandito o leche. A los niños mayores, que necesitan más energía por la actividad física, una merendilla más abundante como bocadillos o fruta entera”, añade. 

Esta entidad recalca que no es necesario obligar a los niños a comer nada más levantarse si no tienen hambre. “Hay que comer en función del hambre y la saciedad. No se debe forzar a nadie a comer pues esto genera rechazo. Nada de chantajes”, destaca. 

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria recomienda “predicar con el ejemplo” pues los niños nos imitan siempre. “Lo importante es disfrutar comiendo juntos. Los niños que comen en familia comen más fruta y verdura. Además, comer juntos alrededor de la misma mesa es un momento de encuentro”, subrayó. 

Asimismo, expresa que en familia se afianzan mejor los buenos hábitos, “por ello conviene compartir, tanto el desayuno como su preparación, con los hijos”. También aconseja que la televisión esté apagada durante las comidas y que cada una de las comidas se componga de alimentos saludables. 

Como conclusión, Carlos Casabona y Pepe Serrano indican: “Afirmar que el desayuno es comida más importante del día sería como decir que la rueda más importante de un coche es la delantera derecha. Lo que en realidad importa es la calidad nutricional del conjunto de todas las ingestas del día”.

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La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria apunta que la comida que el niño lleva al colegio para el recreo debería depender de lo que haya desayunado, tanto en la cantidad como en el tipo de alimentos.

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