Salud Daño hepático

Nueva vía para tratar el daño hepático fulminante por sobredosis de paracetamol

Ahora, científicos españoles han identificado una nueva vía para tratar este daño más allá de este periodo y evitar así trasplantes de hígado.
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Nueva vía para tratar el daño hepático fulminante por sobredosis de paracetamol

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En el daño hepático fulminante por paracetamol el hígado está absolutamente dañado y es incapaz de realizar sus funciones metabólicas, como la de eliminar tóxicos, fundamental, por ejemplo, para que no se produzca encefalopatía hepática —la incapacidad del hígado de filtrar tóxicos provoca pérdida de función cerebral—. La ingesta de paracetamol en dosis pequeñas y adecuadas se metaboliza sin problemas en el hígado, pero si esta es de cuatro gramos diarios durante una semana o, en determinados casos, en una ventana más corta de tiempo, pueden aparecer los problemas.

Terapia solo para las primeras horas

La terapia estándar es el tratamiento con el antioxidante N–acetilcisteína, pero dentro de las primeras ocho horas tras la ingesta; a partir de este período la única opción si el paciente no evoluciona, es el trasplante de hígado, señala en una nota de prensa el CIC bioGUNE, Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias. Por eso, existe una clara necesidad de definir tratamientos nuevos efectivos, señala a Efe Malu Martínez–Chantar.

Mitocondria

Estas moléculas atacan sobre todo a la mitocondria, el orgánulo más importante desde el punto de vista energético de la célula. En la mitocondria hay una proteína denominada MCJ y esta está relacionada con la actividad de la primera: los investigadores constataron que cuando existe daño hepático fulminante por paracetamol los niveles de esta proteína en el hígado aumentan. Esto provoca que se inhiba la actividad de la mitocondria, lo que ocasiona a su vez, entre otros, que no se produzca ATP, la molécula energética por excelencia usada para “todo lo celular” e implicada en funciones como el movimiento muscular e incluso pensar, añade Martínez. Lo que vieron los investigadores es que con el uso de terapia génica se puede silenciar el gen que produce MCJ; para conseguirlo, introdujeron en nanopartículas un inhibidor molecular que bloquea la expresión de ese gen, evitando así que la proteína aumente y se produzca daño en la mitocondria y, por tanto, daño hepático fulminante.

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