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Paciente terminal

Diagnosticar a un paciente como terminal constituye para el médico una gran responsabilidad profesional y ética. Por una parte, induce un cambio radical en su actitud y acciones terapéuticas, ya que el tratamiento curativo da paso al paliativo y al cuidado básico del enfermo.
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 Por la otra, implica la obligación de quien tenga, efectivamente y en la práctica, el rol de médico tratante de asumir en plenitud el cuidado del paciente hasta su muerte.

Cuando ya se abandonan los tratamientos con finalidad curativa, cabe bien este término, se aplican los tratamientos paliativos, que implican mejorar la calidad de vida del paciente que se encuentra en esta etapa final de la vida. Estos consisten en mejorar el dolor, mejorar el estreñimiento que provocan los analgésicos fuertes que se utilizan, mejorar el ánimo a través de antidepresivos. Estos últimos están cuestionados en esta etapa, ya que para llegar a esto el paciente pasa por varias etapas cruciales, no todas las personas reaccionan de la misma manera al diagnóstico de una enfermedad de este tipo, al principio es la negación, que es una defensa temporal a los que se le avecinan. Posteriormente se presenta la ira, porque en esta etapa el paciente siente envidia de la vida o energía y existen resentimientos, los cuales los proyecta hacia sus seres queridos. Es una etapa de gran sensibilidad. La negociación que es el inicio de la lucha contra el cáncer, se arma de valor e inicia su lucha contra esta fatídica enfermedad, es cuando debemos ayudarlo con grupos de oración o autoayuda y personal calificado, como los cuidadores de la salud mental. Se hacen promesas de que salir con vida de esta reformará su vida; si esta ha sido desordenada, muchos lo logran, y para mí, esta es una etapa muy importante a mi saber, influirle ánimo y positividad; si no logramos esto, la siguiente etapa es la depresión, en la cual puede el enfermo atentar contra su integridad personal. El paciente se vuelve silencioso, rechaza visitas y pasa mucho tiempo llorando.

Vale la pena recalcar que en esta etapa el paciente confiesa varias cosas que se arrepiente de no haber hecho en vida, someramente el autorreproche de las cosas que no llevó a cabo. La mayoría no ha realizado ni la mitad de ellas, un remordimiento especialmente masculino es “ojalá no hubiese trabajado tanto”. Se perdieron la niñez de sus hijos y la compañía de su esposa, muchos se recriminan no haber tenido el coraje de no poder haber expresado sus sentimientos para mantenerse en paz con los demás. Muchos desarrollan amargura y resentimientos que arrastran por este motivo, otros lamentan el haberse encerrado y no haberse mantenido en contactos con sus amigos, especialmente aquellas amistades de oro, y muchos extrañan a sus amigos.

Finalmente algunos expresan no haber sido felices, el hecho de haberse quedado trabados en viejos patrones y hábitos. Se comentaba que el miedo al cambio los ha llevado a fingir ante los demás y ante sí que eran felices, cuando en su interior ansiaban reírse con ganas y tomarse la vida con humor.

Estas experiencias vividas por estos pacientes y sus familiares nos hacen reflexionar a llevar una vida plena y feliz.

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