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Placebo: se suman estudios para develar sus misterios

Publicaron más de 5,000 trabajos que intentan entender sus mecanismos; modula el resultado de los tratamientos en distintas dolencias, pero no es inocuo.
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Los grupos de personas. Al primero le dan un batido que describen como “saludable”. Al segundo, otro que les anticipan como una “delicia”. Las bebidas son idénticas, pero los integrantes de cada grupo responden distinto: aquellos a los que les dicen que se trata de una gratificación, segregarán tres veces menos grelina (hormona estimulante del hambre), como si supieran, ya antes de tomarlo, que se van a sentir saciados.

El título del paper que describe este ensayo es sugerente: “La disposición mental y no solo los nutrientes determinan la respuesta de grelina”. Dicho de otra manera, lo que creemos modifica nuestro cuerpo.

El experimento, reportado en 2011 por Alia Crum y colegas en Health Psychology, integra la hoy vasta literatura científica de más de 5,000 trabajos que intenta develar los misterios del “efecto placebo”.

“A la luz de hallazgos notables que van desde la demostración de que modula significativamente la respuesta a tratamientos activos en dolor, ansiedad, enfermedad de Parkinson y hasta procedimientos quirúrgicos, el efecto placebo es actualmente reconocido como un determinante poderoso de la salud en muchas enfermedades”, escriben B. Colagiuri y colegas en una revisión que se publicó en la revista Journal of Neuroscience.

“El ‘efecto placebo’ suele ser interpretado como ausencia de efecto –afirma Daniel Flichtentrei, director del sitio Intramed–. Sin embargo, lo único que está ausente es el principio activo, lo que de ninguna manera implica que no se produzcan efectos. Las vías a través de las cuales es posible inducir modificaciones sobre otras personas no se limitan a los agentes farmacológicos. Ya nadie ignora que el énfasis que un médico pone en el momento de realizar una prescripción incide en la magnitud de los resultados clínicos que produce”.

Según cuenta Laura Sanders en la revista Knowable, hace algunos meses cientos de científicos convergieron en los Países Bajos para participar en el primer encuentro de la Sociedad Interdisciplinaria para el Estudio del Placebo. La reunión atrajo a psicólogos, psiquiatras, fisiólogos, eticistas y neurocientíficos interesados en aprovechar sus beneficios en la clínica. Pero la tarea no es sencilla.

“El problema está en la definición de ‘placebo’ –explica Pablo Richly, director del Centro de Salud Cerebral–. Una parte de lo que se observa se refiere a la variabilidad intrínseca de lo que uno está estudiando. Supongamos que viene alguien a verme con tos, le doy una pastilla de azúcar y a los dos días está mejor. Entre los que mejoran, hay algunos que no lo hacen por el placebo, sino porque es el rumbo natural de la enfermedad. Sin embargo, hay un plus, que generalmente está mediado por la expectativa”.

Entre los hechos más sorprendentes que rodean a este fenómeno está el que también existe para la cirugía. Un procedimiento quirúrgico para implantar un virus que refuerza la producción de dopamina en personas con Parkinson (ensayo firmado por C. Warren Olan y colegas en los Annals of Neurology) produjo mejoras en los operados, ¡pero también en los sometidos a cirugías falsas!

Los placebos son responsables de todo tipo de curiosidades que desafían la incredulidad. Drogas como la morfina se comportan distinto si uno sabe o no que las está recibiendo, y hay opiáceos que no funcionan si el paciente no sabe que los está tomando.

“El placebo viene con su ‘hermano malo’, que es el ‘nocebo’ –explica Richly–. Cuanto mayores son las expectativas de lo positivo, también pueden serlo las consecuencias de lo negativo”.

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