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¿Pueden los niños tener hipertensión?

La actividad física y una alimentación saludable son fundamentales en los niños

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Riesgo. Alrededor de un 3.5 % de niños y adolescentes tienen una presión arterial anómalamente alta.

Riesgo. Alrededor de un 3.5 % de niños y adolescentes tienen una presión arterial anómalamente alta.

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La Academia Estadounidense de Cardiología dio pautas, que deben comenzar en la infancia, para la prevención de enfermedades cardiovasculares y en ese sentido recomiendan una dieta adecuada, peso corporal adecuado y tensión arterial normal.

 

 

En algunos casos las recomendaciones tienen un carácter netamente preventivo porque hay evidencias claras que con un adecuado control de la tensión arterial (TA) y de otros factores de riesgo, desde la infancia, es posible disminuir la incidencia de enfermedad coronaria y cardiovascular en la vida adulta. En otros casos ya es necesaria la intervención porque estudios han demostrado la presencia, en niños y adolescentes, de placas que se depositan dentro de las arterias y que impiden que se lleve sangre rica en oxígeno al corazón y a otras partes del cuerpo.

 

En la infancia y en la vida adulta

 

En efecto, la prevalencia de hipertensión arterial (HTA elevación persistente de la presión arterial a valores superiores a los percentiles considerados como normales en relación a la edad, el peso y la talla de las personas) en la infancia es de 1-3 % y llega al 10 % en la adolescencia. La tensión arterial elevada en épocas tempranas de la vida constituye el mayor factor predictivo de desarrollo de HTA en la edad adulta.

 

Por esa razón, los médicos recomiendan que el examen físico de un niño incluya la medición de la TA desde los primeros días de vida y evaluar sus variaciones durante el crecimiento.

 

Niños con sobrepeso

 

Alrededor de un 3.5 % de los niños y adolescentes tienen una presión arterial anómalamente alta, o hipertensión, que con frecuencia no se detecta ni se trata, según la academia.

 

El Dr. Joseph Flynn, que fue presidente conjunto del subcomité autor de las directrices junto con Kaelber, explicó que “al detectar la afección pronto, podemos trabajar con la familia para gestionarla, ya sea a través de cambios en el estilo de vida, de medicamentos, o de una combinación de tratamientos”.

 

 

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