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Tumores neuroendocrinos: Aprender a vivir con una larga enfermedad

Los tumores neuroendocrinos, que conforman un grupo muy heterogéneo, se originan en las células neuroendocrinas, aquellas que secretan hormonas.
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Consejos para el control de las emociones, de los efectos de los tratamientos y pautas saludables, sobre todo nutricionales, es una parte de lo que ofrece la Guía de tumores neuroendocrinos que la asociación de pacientes con tumores neuroendocrinos NET-España y la empresa farmacéutica Novartis Oncology han publicado para que, tanto el paciente como sus familiares, puedan comprender mejor este cáncer poco frecuente, con una incidencia anual de 5 casos por cada 100,000 personas.

Esta baja incidencia contrasta con una notable prevalencia que, en este parámetro, los sitúa detrás del cáncer de colon, aunque representan solo el 2 % de los tumores gastrointestinales diagnosticados y el 1 % del total de cánceres.

En los últimos 30 años se ha producido un aumento de los casos debido a un mayor conocimiento de la enfermedad y a la mejora de técnicas diagnósticas, aunque los síntomas inespecíficos hacen que el diagnóstico tardío sea uno de los caballos de batalla.

"Hay que aprender a vivir con los tumores neuroendocrinos, es una pieza del puzzle que hay que encajar en tu vida. La implicación responsable del paciente ayuda a gestionar nuestra enfermedad", manifiesta a EFEsalud Blanca Guarás, presidenta de NET-Pacientes.

¿Qué son los tumores neuroendocrinos?

Los tumores neuroendocrinos se originan a partir de células neuroendocrinas que producen hormonas en respuesta a una señal del sistema nervioso. Este tipo de cáncer puede aparecer en cualquier órgano del cuerpo, pero suele presentarse de forma más frecuente en el tubo digestivo, páncreas y pulmón, pero también en las glándulas tiroides, paratiroides, suprarrenales, hipófisis y cresta neural o bien en otros órganos como riñón, vejiga, próstata, vías biliares o piel.

Según la guía, la clasificación de este tipo de tumores según su funcionalidad es:

Funcionales: Aquellos que producen sustancias (como neuropéptidos, hormonas etcétera) que dan lugar a un síndrome clínico, es decir, a la aparición de síntomas y signos. No funcionales: Los que no producen hormonas. Los síntomas dependen del propio tumor y no del efecto de la producción de hormonas.

Síntomas y tratamientos

Según la guía, aunque tiene una frecuencia similar en hombres y mujeres, en los últimos años se observa un aumento en varones, siendo los 50 años la edad media para padecerlo.

Los síntomas suelen ser inespecíficos y pasar desapercibidos durante años, pudiéndose confundir con otras enfermedades provocando el retraso de un diagnóstico certero. Los síntomas habituales de los tumores neuroendocrinos son el enrojecimiento de la piel de la cara, diarrea, sudoración, dolor abdominal y, menos frecuentemente, broncospasmos. Estos síntomas hacen que puedan confundirse con ansiedad, depresión, menopausia o colon irritable.

El órgano origen del tumor influye en los síntomas y en la invasión de otros órganos, en la evolución de la enfermedad y en la probabilidad de recuperación.

Nutrición adecuada

Aparecen problemas metabólicos y nutricionales debido a la producción de hormonas y a otras sustancias que causan mala digestión, diarrea y alteraciones del movimiento del tubo digestivo.

Estos síntomas, además de por la producción de hormonas, pueden deberse también a los tumores primarios, su extensión a ganglios vecinos o a las metástasis, que pueden alterar el funcionamiento del aparato digestivo o por los efectos de los distintos tratamientos.

Tratamientos:

Cirugía: Para enfermedad localizada o limitada al órgano donde se originó, aunque también para casos determinados de enfermedad con metástasis en otros órganos.

Tratamientos locorregionales y radio núclidos: Terapias específicas que se emplean para controlar los síntomas en tumores funcionales (que producen hormonas) con metástasis en el hígado, aunque en ocasiones se utilizan en tumores no funcionantes con enfermedad hepática que no puede ser operada.

Fármacos: Para tumores metastásicos que no se pueden extirpar existen medicamentos para evitar el crecimiento y extensión del tumor. Son de dos tipos: Análogos de somatostatina y Terapias dirigidas a dianas moleculares, como los inhibidores de mTOR e inhibidores de la tirosinquinasa.

Quimioterapia: Para carcinomas neuroendocrinos, aquellos cuyas células son diferentes en forma y función a las del tejido sano, y agresivos.

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