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5 destinos que no son lo que parecen en Instagram

Si te dejas llevar por el retoque, el lugar podría decepcionarte. 

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Foto: Istock

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En pocos años, las redes sociales modificaron nuestra percepción del mundo. Sus fotos de tonos hipersaturados se convirtieron en norma, y muchas veces la realidad pasa a ser un original de pocos contrastes. 

Con el afán de postear fotos cada vez más llamativas, no solo se alteran los colores: las proporciones también. Los viajeros soñamos con ver los lugares increíbles que muestran los posteos y sacar fotos similares.

Y una vez in situ, descubrimos que el entorno es diferente de lo que nos llevaron a imaginar. Las redes sociales, como Instagram, también cambian la manera de elegir los destinos y ocupan cada vez más el lugar de las viejas guías o refuerzan con naturalidad las recomendaciones de los amigos. Nada nuevo, en denitiva: una buena imagen vale más que mil palabras. 

1.  Inglaterra. Stonehenge

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El sitio megalítico de la Edad de Bronce en el suroeste de Inglaterra es uno de los lugares más visitados de Gran Bretaña. Las enormes piedras fueron levantadas y dispuestas de manera circular hace varios milenios. En Stonehenge, como es uno de los destinos más misteriosos del mundo, se espera que la visita sea muy especial.  

Sin embargo, no es el caso para muchos que lo descubren luego de haberlo anhelado por largo tiempo.  Seguramente las piedras son imponentes, pero se ven desde lejos, detrás de una barrera. Es imposible acercarse, pero lo bueno es que las fotos salen siempre sin nadie de por medio.

En cuanto a la parte espiritual, tampoco es fácil de hallar. El sitio prehistórico se encuentra junto a una autopista y en lugar de sosiego lo que se destaca es el zumbido incesante de autos y camiones que pasan a toda velocidad. 

Foto: AP

El centro interpretativo condensa todo lo que se sabe sobre el complejo. Los mejores momentos del año para ir son los solsticios de verano e invierno, cuando el sol está perfectamente alineado con el eje de los menhires. Los horarios de apertura varían en esas fechas; el resto del año, de 9:30 a 17 o 19 horas, según la temporada. Desde Londres, el tour típico integra la visita de Bath y sus baños romanos.

2.  Egipto. Pirámides de Giza

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Alright. You better put this place on your bucket list asap �� Holy sh*t! Photo by @thefreedomcomplex

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El retoque y los juegos de perspectivas no favorecen siempre la realidad. Es lo que pasa con el sitio de las pirámides, en Giza: mausoleos de los faraones Keops, Kefrén y Micerino junto a la Esnge.  Las fotos muestran el conjunto en medio de las arenas del desierto con el sentimiento de eternidad que experimentó Napoleón cuando advirtió a sus soldados durante la Campaña de Egipto: “desde lo alto de estas pirámides cuarenta siglos os contemplan”.  

La mayor de todas, Keops, es una de las siete maravillas del mundo antiguo. Mide 146 metros de alto.  Antes de un primer viaje, uno imagina que tendrá que cruzar una buena porción del desierto antes de llegar a sus pies.  Basta con cambiar levemente el encuadre habitual de las fotos para darse cuenta de que la realidad es distinta.

La tentacular ciudad de El Cairo incorporó a Giza dentro de su urbanización. Las pirámides están rodeadas de barrios de calles laberínticas, mientras las explanadas sirven de estacionamiento a otras enteras de autobuses que -cuando no hay algún atentado que aleje el turismo masivo- atraen miles y miles de personas cada día.  

Foto: EFE

Las autoridades tratan de limitar la presión turística sobre el sitio con cercas. La cantidad de visitantes y actos de vandalismo también llevaron a prohibir el acceso a ciertas zonas. 

Los visitantes pueden elegir entre verlas de noche, cuando se hacen shows de luz y sonido o durante el día. 

3.  Dinamarca. La Sirenita

Todos conocemos la historia, sea la original (la trágica) de los cuentos de Hans Christian Andersen o la versión edulcorada de Disney. La princesa con cola de pez es el personaje más conocido de la obra del cuentista danés. Por eso, merecía su monumento en la capital de Dinamarca. 

Se impuso frente a los palacios reales, los guardias de uniformes vistosos y los jardines de Tivoli (el primer parque de atracciones), como el verdadero símbolo de Copenhague. 

Su bronce, sobre una roca, espera a los visitantes por encima de las aguas del estuario del puerto, cerca de Kastellet, la plaza fuerte que defendía la ciudad hasta tiempos de Andersen.  

Los daneses la conocen como Den Lille Havfrue y los vecinos indican con gusto el camino a los turistas que la buscan.

Pero una vez llegados tienen que abrir grande los ojos porque la estatua tiene un tamaño inversamente proporcional a su fama.  Llega a ser frustrante para los fans de Disney, mientras los lectores de Andersen entienden que se trata de una muestra de la modestia y la discreción escandinavas.  

Foto: EFE

La estatua tampoco está en medio de las olas, como se podría suponer. Detrás de ella, hay grúas e instalaciones portuarias: un decorado no muy de cuentos de hadas. En cierto modo la Sirenita es otro ejemplo de la magnificación creada por las fotos que circulan en las redes.

Sin embargo, su postura y mirada destilan algo de la magia de Andersen. La estatua está en un espacio público de los jardines que rodean el Kastel. Abren de 6 a 22 horas. No se paga entrada. 

4. Camboya. Templos de Angkor 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Todos vimos fotos de las magníficas ruinas de los templos de Angkor, testimonio de la edad de oro khmer en la lujuriosa jungla de la península indochina. Parece imposible que decepcione un sitio tan bello.  Sin embargo, recibe siete millones de personas al año (más que la Torre Eiffel, con seis millones en 2017 o Brasil entero, con 6.5 millones en 2014, para el Mundial de futbol). 

Angkor es uno de los sitios más visitados en Asia y la sobreexplotación genera graves problemas que a la larga afectan también a las ruinas: contaminación, deterioro, deforestación, erosión, vandalismo, embotellamientos, ocupación ilegal de los suelos para instalar negocios.  

El mayor sitio arqueológico del mundo (400 km2) es víctima de su belleza. Las degradaciones son rápidas y muchos monumentos están en perpetua restauración con andamios poco fotogénicos.  

Las autoridades esperan 10 millones de visitantes en 2025 en parte gracias al crecimiento exponencial de los grupos que vienen desde China.  Por supuesto, Angkor es una joya que merece ser vista y hay que destacar varios progresos: el sitio está por fin libre de minas antipersonales y varios países financian obras para devolver a los templos a su esplendor original. El sitio es tan grande que es imposible pretender conocerlo en una visita.

Los templos más emblemáticos (los más visitados) son Angkor Wat, Angkor Thom y Ta Prhom. El área arqueológica abre a las 5 de la madrugada para aprovechar la frescura del alba y ver el sol levantarse sobre las ruinas. Cierra a las 18 horas. Se recomienda alquilar un auto con chofer (y aire acondicionado) en Siem Reap, por aproximadamente 35 dólares por día. Los servicios de los guías se contratan por 30 dólares por día. El pase diario para Angkor es de 20 dólares. 

5. India. Taj Mahal

Es el emblema de la India y una de las maravillas del mundo moderno. Sin embargo es poco probable que uno pueda verlo como en las fotos, con sus paredes blancas resplandecientes bajo un sol intensamente azul. Es otro de los lugares que terminaron siendo víctimas de su éxito, el exceso turístico y la contaminación.  

Las autoridades tratan de limitar la cantidad de visitas y acaban de incrementar el precio de la entrada, sobre todo para visitantes nacionales (pagan cinco veces más desde hace unas semanas). ¿Será suficiente para no superar los 15 mil visitantes diarios actuales? 

El Taj Mahal recibe entre seis y siete millones de personas al año y hay picos de hasta ¡70 mil! visitantes por día los fines de semana, lo que implica la degradación de los suelos y de los suelos del monumento. Además, hace años que el mausoleo está cubierto parcialmente de andamios, por constantes obras de restauración. 

Aun si hubiese menos gente, sería imposible conseguir la foto de postal que circula en las redes. Sin decir que la contaminación del aire degrada la fachada y amarillenta sus piedras.  La entrada cuesta 19 dólares. Abre al amanecer y no hay límite de tiempo para permanecer. Se realizan visitas nocturnas. El mejor momento para verlo es cuando se levanta el sol. Si no hay neblina ni mucha contaminación, el templo se colorea de tonos rosados.

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