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Netflix | Lupin, el regreso del ladrón de La Belle Époque

El tremendo éxito del personaje Lupin, creado por Leblanc, ha dado paso, a lo largo de los más de  115 años posteriores a su primera aparición, a incontables adaptaciones en el teatro, los cómics, el cine y la televisión. La última en agregarse a esa dilatada  lista ha sido la serie de Netflix.

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1871. La guerra franco-prusiana ha terminado. Francia, y la mayor parte de Europa, se encaminan a un período de excepcional bonanza que se extenderá por las próximas cuatro décadas y será bautizado luego, no sin un dejo de nostalgia, como La Belle Époque.

Son los años de la expansión del colonialismo, de una fe ciega en la ciencia y el progreso, de un florecimiento de la moda y las artes, y del triunfo ascendente de la burguesía que exhibe su poderío económico y financiero y le disputa cada vez más espacios y privilegios a la vieja aristocracia sobreviviente del Antiguo Régimen.

Es en ese ambiente en el que el escritor francés Maurice Leblanc daría vida al que sería su personaje más famoso de su carrera literaria: Arsène Lupin, un ladrón de guante blanco que gozaría de una enorme popularidad en Francia y en el extranjero, acaso porque junto con esa extraordinaria acumulación de riquezas del período, sobrevendrían también el miedo a la inseguridad y al robo, y el temor de los círculos burgueses a quedar en ridículo, víctimas de fraudes o estafas, aspectos con los que el personaje de Leblanc —una suerte de antípoda del Sherlock Holmes, de Conan Doyle— sabría jugar tan bien.

Deportista y luchador aguerrido, elegante, refinado, poseedor de una aguda ironía, astuto, misterioso, seductor, maestro del disfraz, Lupin deberá también su renombre a que, en buena parte de las más de 18 novelas y 39 cuentos que protagonizaría, encarnaría una especie de vengador social. Un hombre que encontraría en su gusto por transgredir la ley —que a pesar de todo no llegará a ser violento, como ocurrirá con antihéroes posteriores como Fantomas— una forma de ajustar cuentas con una sociedad y con personas que, más allá del fasto y las apariencias, no son menos corrompidas que él.

Lupin, en consecuencia, desvalija casi de manera exclusiva a ricos que han hecho su fortuna de forma ilegal o inmoral o que prodigan malos tratos hacia los pobres. Una selección que nace del recuerdo de las humillaciones que su madre, una mujer adinerada venida a menos, sufriría como empleada doméstica a manos de los duques de Dreux-Soubise.

El tremendo éxito del personaje creado por Leblanc daría paso, a lo largo de los más de  115 años posteriores a su primera aparición, a incontables adaptaciones en el teatro, los cómics, el cine y la televisión. La última en agregarse a esa dilatada  lista ha sido la serie de Netflix, "Lupin", una producción en cinco capítulos en su primera temporada  que, según las proyecciones de la misma plataforma, habrá sido vista en 70 millones de hogares al cabo de solo su primer mes en línea; esto es del 8 de enero al 5 de febrero. Dicha marca la situaría como la segunda producción más reproducida de la empresa, solo después de The Witcher.

Y es que la serie, protagonizada por Omar Sy, tiene ante todo el enorme mérito de leer el espíritu  de nuestro tiempo. De ahí que no se trate de una mera transferencia de la obra literaria al lenguaje televisivo, sino más bien de una decente y bien pensada actualización. Así, en el Lupin de Netflix el protagonista no es ya el refinado caballero que se inició a temprana edad en el mundo del robo, empujado por las vejaciones infligidas a su madre, sino Assane Diop, un inmigrante de origen senegalés que encuentra inspiración en los libros del elegante ladrón para vengarse de una sociedad discriminatoria y racista, y en particular de los Pellegrini, una acaudalada familia parisina que 25 años atrás acusó a su padre de un delito que no cometió.

Si bien la producción decae a ratos, cuando aborda sus ángulos más dramáticos, la misma se sostiene por la solvencia y el carisma de Sy, un actor ubicuo por el que pasan casi todas las líneas de la trama.

El punto más débil de la serie a lo mejor sea el escaso espacio que, sin duda, en función de una mayor fluidez y espectacularidad, le otorga a la resolución de enigmas. Una deficiencia que bien puede que descorazone a los fans más acérrimos de la saga literaria, puesto que Arsène Lupin no es solo un ladrón de guante blanco, sino un sagaz cazador de tesoros que encuentra placer en desentrañar los más antiguos y recónditos misterios. Como queda patente desde la primera novela del personaje, "La aguja hueca", donde Lupin, luego de idas y venidas por documentos y mensajes codificados,  logra descifrar la ubicación exacta de la fortuna de los reyes de Francia.

A pesar de esa falla, la obra de Netflix funciona como un justo homenaje a uno de los personajes clásicos de la novela policiaca francesa del siglo XX que, visto lo visto, parece lejos de estar agotado.

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