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"Sexting" entre adolescentes: ¿por qué se envían fotos semidesnudos?

El ‘sexteo’ representa hoy día un dilema que puede afectar la seguridad de los jóvenes.

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"Sexting" entre adolescentes: ¿por qué se envían fotos semidesnudos?

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El sexting o ‘sexteo’ se ha convertido en un fenómeno popular entre chicos y chicas como consecuencia del uso de las Tric (tecnologías de la relación, la información y la comunicación) en su vida cotidiana. Supone, además, un reto por las consecuencias negativas que puede tener cuando no se respeta la privacidad al compartir aquellos fotos, videos y audios.

Tradicionalmente, el sexting ha hecho alusión al envío de mensajes (texto, emojis, audios), fotos o videos personales sexualmente sugerentes o explícitos usando medios electrónicos. Aunque este comportamiento no tiene edad, sobre todo hablamos de adolescentes que se hacen fotos semidesnudos y las comparten.

Nuestra investigación indica que alrededor del 8,1 por ciento de adolescentes (el 7 por ciento de las chicas y el 9,2 por ciento de los chicos) ha enviado contenido erótico–sexual propio y el 21,2 por ciento lo ha recibido (el 17,1 por ciento de las chicas y el 25,1 por ciento de los chicos).

Esta práctica suele desarrollarse en una relación afectivo–sexual respetuosa y de confianza, con libertad de elección y bajo acuerdos consensuados. Pero no siempre ocurre así.

Es entonces cuando surge el comportamiento más preocupante: el reenvío o intercambio sin consentimiento, que sucede cuando el contenido se propaga en grupos o redes sociales virtuales y llega a destinatarios no deseados por quien lo protagoniza.

De acuerdo con nuestra investigación, el 9,3 por ciento de adolescentes ha reenviado contenido de este tipo de terceras personas (el 6,3 por ciento de las chicas y el 12,2 por ciento de los chicos) y el 28,4 por ciento ha recibido reenvíos (el 25,8 por ciento de las chicas y el 30,8 por ciento de los chicos).

¿Por qué se practica?

Ante las situaciones anteriormente descritas, se genera la alarma social y nos preguntamos por qué ha sucedido esto: ¿por qué la víctima envió un vídeo donde aparecía semidesnuda? ¿Por qué quien lo recibió lo compartió? ¿Por qué otros muchos lo reenviaron e, incluso, lo comentaron? Las evidencias científicas explican estos hechos en adolescentes y jóvenes en función de factores tanto individuales como grupales.

Entre las principales razones por las que se envía contenido erótico–sexual propio destacan considerarlo normal entre las parejas, estar en continuo contacto con el otro, mostrar interés romántico o sexual, forjar vínculos afectivos, explorar la identidad sexual o formar parte de una relación a distancia. Pero también para presumir, por chantaje, para sentirse parte del grupo de iguales o por cumplir las expectativas de otros.

El reenvío sin consentimiento, ya sea con o sin intención de dañar, suele estar acompañado de la desconexión moral o justificación del daño a terceros y tiende a realizarse principalmente para buscar el reconocimiento o la atención de otros.
Y es que la forma en la que los demás reaccionan ante estas difusiones juega un papel fundamental.

En la base de estos comentarios y la cadena de reenvíos parece estar la falta de comprensión de las dinámicas relacionales en los entornos virtuales y la escasa capacidad colectiva de identificar y comprender el daño para quien aparece en el contenido difundido.

Beneficios y perjuicios

La comunidad científica ha aportado evidencias diversas sobre los beneficios que puede conllevar el sexting como forma contemporánea de comunicación íntima, pero también de sus posibles consecuencias negativas como práctica arriesgada. Entre los beneficios de estos envíos han destacado la posibilidad de expresar deseos y límites, la mejora de la autoestima, el aumento de la satisfacción sexual y una mayor seguridad que la actividad sexual física. Estos estudios enfatizan que los riesgos del sexting no se encuentran en el propio intercambio de contenidos, sino en su rápida y amplia difusión sin consentimiento.

Otros estudios, sin embargo, señalan que estos envíos en sí mismos pueden tener consecuencias negativas si se hace bajo presión, resaltando entre ellas ansiedad, depresión, alcoholismo o comportamiento delictivo. Además, destacan su posible relación con otros riesgos, como el ciberacoso o el grooming.

Existe consenso entre ambas perspectivas acerca de que toda práctica sin consentimiento tiene consecuencias negativas, tanto para quienes lo practican como para quienes son espectadores de estos episodios. Parece claro, además, que sus graves consecuencias están relacionadas con el doble estándar sexual por el que los espectadores juzgan de forma diferente a chicas y chicos. Se espera que ellas sean sexualmente atractivas y activas, al tiempo que se las censura por ello, mientras que ellos suelen ser reforzados socialmente ante los mismos actos.

El sexting ha hecho alusión al envío de mensajes, fotos o videos personales sexualmente sugerentes o explícitos usando medios electrónicos. Foto: iStock

¿Cómo proteger?

La prevalencia, normalización y consecuencias del sexting han evidenciado la necesidad de actuar ante todos sus comportamientos. Está claro que el reenvío sin consentimiento debe evitarse, pero también es necesario saber cómo actuar cuando se recibe este tipo de contenido, decidir si se quiere enviar contenido propio o no y, en caso de hacerlo, cómo. Por tanto, su gran complejidad requiere cambios en distintas direcciones. Sabemos que es necesario el desarrollo de programas específicos, porque han demostrado un descenso de sus consecuencias negativas. En estos programas está siendo fundamental la formación del profesorado, la sensibilización de las familias y la participación del alumnado, evitando que las actuaciones consistan en meras charlas desconectadas de su realidad.

Es esencial que el trabajo con adolescentes y jóvenes parta de sus propias creencias para, progresivamente, ir acompañándolos en su proceso de comprensión y análisis de los mecanismos de desconexión moral y de activación de su toma de decisiones consciente.

Replanteamiento general

A pesar de los beneficios de los programas específicos, con ellos no parece ser suficiente. Es necesario hacer un replanteamiento de las actuaciones psicoeducativas y asumir esta nueva realidad que nos plantean las redes sociales y los cambios generacionales.

El sexting debería ser considerado, al menos, en los proyectos de convivencia y ciberconvivencia de los centros educativos, los protocolos e iniciativas de prevención de la violencia para actuar ante el reenvío sin consentimiento, la educación afectivo–sexual, la concreción de las competencias curriculares, las campañas de sensibilización y la formación y concienciación de profesionales y familias.

Todo ello nos permitirá promover una comunicación íntima saludable y contribuir de esta forma al uso seguro de las herramientas tecnológicas, algo tan importante para la educación y el futuro de adolescentes y jóvenes.

El impacto prevalente del ‘sexting’ en jóvenes

Un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) con sede en España tomó una radiografía “precisa sobre cómo usan la tecnología los chicos y chicas de nuestro entorno y, sobre todo, cómo se relacionan a través de las pantallas y los dispositivos electrónicos”. En la investigación, que contó con el apoyo del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería en Informática y la Universidad de Santiago de Compostela, participaron cerca de 50.000 adolescentes.

Los resultados más relevantes surgidos a partir del estudio brindaron las siguientes cifras. Partiendo de la pregunta ‘¿Te has visto alguna vez en la vida en una de estas situaciones?’, los jóvenes respondieron:

— 42 % manifestaron que alguien les ha enviado mensajes de contenido sexual o erótico.

— 13,8 % expresaron haber enviado mensajes de contenido erótico o sexual.

— 26,8 % dijeron que alguno de sus contactos les ha enviado fotos o videos de contenido sexual/erótico –lo que se conoce como sexting pasivo–.

— 8 % expresó haber enviado fotos o videos propios de índole erótico/sexual.

— 11,4 % manifestó que los han presionado a enviar material sexual o erótico propio (ya sean fotos o videos).

— 3,7 % dijo haber sido chantajeado con publicar, difundir o reenviar videos o fotos propios de índole erótico/sexual.

De igual forma, la investigación plantea las siguientes estadísticas que están relacionadas con el uso que se le da al internet y que guardan relación con prácticas como el ‘sexteo’:

— 57,2 % han aceptado a desconocidos en redes sociales.

— 55,2 % se han contactado con desconocidos a través de redes sociales, chats o internet.

— 35,4 % han ingresado a páginas de contenido pornográfico o erótico.

— 21,5 % se han reunido en persona con gente que han conocido por redes sociales, internet o chats.

— 9,8 % de los encuestados han sido blanco de proposiciones sexuales por parte de algún adulto a través de videojuegos, chats, redes sociales o internet.

Es importante resaltar que este tipo de estadísticas ayudan a dar un primer vistazo de los problemas que puede acarrear el ‘sexting’ para los adolescentes si no se practica con la suficiente prudencia.

Asimismo, este tipo de estudios funcionan como una señal de alerta para que se realice una mayor educación en Hispanoamérica, así como a nivel global, aprovechando la hiperconectividad y los recursos que brinda internet. De ahí que el informe concluya que “el uso globalizado de la red implica una serie de riesgos que no debemos obviar y que quedan retratados en las preocupantes cifras de sexting, contacto con desconocidos y posibles casos de grooming”.

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Tags:

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