Lo más visto

Destinos turísticos: Cascada El Cañón, Perquín

Perquín, además de paz, también ofrece aventura. Caminando entre sus cerros encontré este lugar, un cañón y una caída de agua de más de 60 metros. Rocas gigantes le dan forma, una pared natural que se levanta en medio del verde de su entorno.
Enlace copiado
Destinos turísticos: Cascada El Cañón, Perquín

Destinos turísticos: Cascada El Cañón, Perquín

Enlace copiado

Este es el viaje por la cascada El Cañón con Vila Verde Perquín y con la salida del sol partí de la zona segura y con el guía comenzamos el ascenso.

Veredas de pinos que se tornan rojos con los primeros rayos del sol. Al paso de los caminantes, memorias de aventuras pasadas, noticias de animales salvajes y mansos venados que rara vez se asoman a los ojos de un extraño como yo aquel día.

Rumbo al cerro el mirador

El camino nos lleva hacia el cerro El Mirador, una formación rocosa que comienza a ser poblada por los tímidos pinos que habitan en su entorno.

Su ascenso es sencillo, roca rugosa quizás de origen volcánico. Pareciera oponerse a que se desarrolle vida a su alrededor, pero la naturaleza siempre encuentra la manera.

Y desde arriba, la roca se convierte en isla y al rededor la inmensidad del verde, el verde de la vida. De esa que se desarrolla sin interrupción en esta tierra. Cerros, pinos... kilómetros de pinares, hasta donde alcanza la vista. El cerro El Mirador, y sus vistas de Perquín, Arambala y más allá hasta Guatemala.

El cerro fue el aderezo para la parte principal del viaje, esa que continúa por caminos que no parecen serlo. Creyendo que nada superaría estas vistas caminamos 45 minutos más hacia El Cañón.

Cascada el cañón

El camino se corta de forma abrupta. En un riachuelo que agoniza por esta época del año no impresionaría a nadie. Quizás un foráneo transitaría por este tramo del camino sin percatarse de dónde está pisando.

Para mi sorpresa el guía alerta que el camino termina acá, en un río medio muerto y unas rocas resbaladizas. Pero guardo silencio un momento, el agua aún circula, y un eco gigante la hace resonar por todo valle.  Llegamos a la cascada El Cañón de Perquín.

Al igual que el agua que fluye de otro enigmático lugar (conocido por los lugareños como la nariz del gigante), la cascada se desparrama de pesada forma por el valle conquistado por pinos.

Y como todo, se trata de la perspectiva correcta y lo que desde el aire es una mancha en el paisaje, desde el suelo es una caída mortal de más de 60 metros.

Rocas eternas de formas casi geométrica la adornan, y desde el aire el vértigo me invadió al descubrir este ser amorfo, que desde la limitada visión horizontal es prácticamente imposible. La rudeza de la piedra bruta se mezcla con la calma del pinar que se acerca a saludarlo desde todas partes.

El agua no deja de caer y quizás como una trampa hipnotiza y arrastra con su encanto magnético. Es parte de su encanto el ser virtualmente mortal y a la vez enseña a no dar ningún paso en falso. Jugar ajedrez con el gigante rocoso para salir victorioso y volver hasta acá para contarlo.

Desde la vista cenital del Cañón un último regalo de este paraje inhóspito: el ojo de agua zarca que ha sido testigo del caminar de unos viajantes. Lo vi todo en medio de bosque de pinos que ofrece Perquín y me traje conmigo la historia de cómo toneladas de rocas pueden valer un viaje, para aquellos que como yo buscan encontrarse ellos mismos y se sorprenden por los regalos de la naturaleza.

Lee también

Comentarios